Tarde o temprano tenía que llegar. Me refiero a la declaración formal por parte de un colectivo médico. En este caso, la American Medical Association, que representa a los profesionales médicos de Estados Unidos, ha decidido definir oficialmente la obesidad como una enfermedad en su última reunión anual de la semana pasada.
Carlos
La dieta nórdica frente a la dieta mediterránea
Vivimos una época paradójica. Aumenta el conocimiento científico de los efectos de la alimentación en la salud, y al mismo tiempo sigue creciendo el número de obesos y personas con sobrepeso en los países desarrollados. El ser humano es contradictorio, para qué lo vamos a negar.
Una de las ideas que más destaca es que las investigaciones demuestran que no hay una fórmula nutritiva perfecta para garantizar que nos mantengamos sanos y con un peso estable. El hecho es que existen variadas propuestas dietéticas con las que podemos convivir y alcanzar ese objetivo deseado de buena salud.
Prevenir las enfermedades graves

Todos tenemos un «reloj biológico». Después de alcanzar la plenitud, nuestro organismo empieza una fase de declive que nos llevará hasta la vejez y la muerte. Es ineluctable. Sin embargo, podemos influir en ese proceso para que sea más o menos rápido y para que mantengamos la mejor calidad de vida posible en cada una de las fases de envejecimiento.
El rechazo social de la obesidad

Una de las vertientes con las que trabajamos los especialistas en nutrición es la psicológica. En no pocas ocasiones, detrás del exceso de peso de muchos pacientes se encuentran desórdenes psíquicos que conducen a las personas al desequilibrio en la alimentación. Lo cierto es que existe todavía un horizonte de estudio muy amplio en torno a la psicología de la obesidad, puesto que no tenemos todavía suficientes análisis concluyentes.
¿Qué podemos aprender de «La enzima prodigiosa»?
Periódicamente aparece una novedad editorial sobre dietética y nutrición que se convierte en un éxito de ventas. Miles de personas hablan de ella, y otras tantas tratan de poner en práctica sus secretos, que siempre se venden como la solución definitiva para adelgazar y mejorar nuestro estilo de vida. Hay algo que siempre queda claro: existe una altísima demanda por este tipo de remedios casi milagrosos.
El cuidado de la salud empieza desde la niñez: no a la obesidad infantil
Si la pandemia de la obesidad se detuviera en el mundo de los adultos, al menos tendríamos un mal consuelo. Sin embargo, los endocrinos comprobamos con preocupación que cada vez nos llegan personas más jóvenes a la consulta con problemas de sobrepeso. Se supone que existe un mayor conocimiento de los hábitos alimenticios adecuados y que tenemos acceso a una mayor variedad de nutrientes. Pero las cifras siguen siendo alarmantes.
No excluyas el ejercicio físico de tu vida
Cuando los pacientes me piden que les ayude a resolver su problema con el sobrepeso, a menudo me encuentro con que solo les preocupa la dieta. Muchos piensan que por la edad o por haber engordado ya han perdido la oportunidad de hacer ejercicio físico. Siempre trato de mostrarles que el deporte, adecuado a su edad, condición física, intereses personales y disponibilidad de tiempo, ha de volver a formar parte de su vida cotidiana.
El peligro de las dietas milagro
El fin de semana pasado ya salió por fin el sol. Aunque no ha terminado de instalarse entre nosotros, nos apunta la llegada del buen tiempo y, como ocurre siempre, nos urge a preparar el cuerpo para el calor y la temida ‘caída del abrigo’.
La grasa no es tan fiera como la pintan
Uno de los tópicos más extendidos en el ámbito de la nutrición es que las grasas son un componente que debemos erradicar de nuestra dieta. Desde los años setenta, tal como apunta L. Jiménez en su libro Lo que dice la ciencia para adelgazar de forma fácil y saludable, se ha asociado el consumo de grasas a la obesidad, las enfermedades vasculares y al aumento del colesterol malo.
Ejercicios para ellas: cómo modelar el cuerpo femenino sin aumentar la masa muscular (III)
En la entrada anterior hablaba de la eficacia de aplicar el principio de resistencia negativa para fortalecer los músculos en una progresión mucho más rápida que los movimientos tradicionales. Por ejemplo, si utilizamos este método para los ejercicios de piernas, comprobaremos rápidamente su efecto positivo. En este caso, se trata de realizar la fase de subida con las dos piernas y la de bajada con solo una de ellas. En cada serie alternaremos la pierna de bajada. Con ello haremos que el movimiento negativo no solo saque partido de un descenso más lento, sino que además estaremos duplicando la carga.





