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Cuida tu salud

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SOMOS LO QUE COMEMOS…, Y LO QUE NOS MOVEMOS

Mientras disfrutamos de una buena salud no nos preocupamos demasiado de cómo se encuentra realmente nuestro organismo. Sin embargo, cuando pasan los años de juventud, comenzamos a darnos cuenta de que ya no mantenemos el peso de antes, o que nos cansamos con más facilidad que cuando teníamos veinte años. Aunque se trata de circunstancias normales, sí conviene que nos preguntemos si en verdad estamos haciendo todo lo posible por mantener un estado de vida saludable.

Una buena práctica consiste en hacernos un breve autoexamen, en el que repasemos cuestiones como las que te indico a continuación:

1. ¿Realizo cinco comidas al día y procuro nutrirme de todos los grupos de alimentos?

Una de las principales causas del sobrepeso reside en el desorden alimentario que llevan muchas personas en el mundo occidental. Son innumerables los malos hábitos que presiden el día a día, como no desayunar, comer entre horas, elegir habitualmente la misma dieta o comer más al final del día y durante el fin de semana. Si incurres en alguna de estas costumbres, es probable que el sobrepeso te acompañe desde hace tiempo. Como seguro que no quieres desembocar en la obesidad, te recomiendo que modifiques tu dinámica nutricional.

2. ¿Mantengo un peso razonable con respecto a mi peso ideal?

Con los años, hasta la vejez, lo normal es que las personas vayan ganando kilos. Salvo que se practique una dieta estricta y un nivel elevado de entrenamiento deportivo, es habitual que en cada década aumentemos nuestro peso. Lo importante en este punto es que el exceso de kilos no sobrepase los límites de lo razonable. ¿Cómo averiguarlo? Una medida sencilla consiste en la medición del Índice de Masa Corporal. Si superas los valores de 25 o, sobre todo, de 30, es el momento de cambiar el rumbo, someterte a una cura de adelgazamiento y cambiar tu estilo de vida. Te recomiendo que pidas la ayuda de un especialista. Por mi parte, estaré encantado de ayudarte.

3. ¿Realizo ejercicio moderado varias veces por semana?

Otro de los males de la edad es que abandonamos la vida activa con la que nos hemos conducido durante la infancia y la juventud. La mayoría de los adultos deja de practicar deporte y pasa a una vida sedentaria de más de ocho o diez horas sentado delante de una mesa, sin contar el tiempo de desplazamientos en coche. Por otro lado, la falta de ejercicio también incluye negativamente en el desequilibrio de la dieta, puesto que no realizamos un gasto calórico suficiente. Si no haces deporte, ni siquiera caminas media hora todos los días y te cuestan ejercicios tan cotidianos como subir unas escaleras o agacharte para atarte los zapatos, ¡tu estado físico está bajo mínimos!

4. ¿Llevo una vida serena y feliz?

A menudo, los problemas con la comida o la inactividad tienen mucho que ver con nuestro estado emocional. En nuestra sociedad opulenta, los alimentos sirven de consuelo para hacer frente a problemas psicológicos más profundos, relacionados con el estrés, las insatisfacciones y fracasos de la vida, las relaciones personales. A todos nos puede ocurrir en algún momento, pero debe ser signo de preocupación si comer en exceso se convierte en un hábito. ¿Prefieres sentarte a comer una pizza delante de la televisión a una reunión con tus amigos? ¿Crees que vives para comer? Si cualquiera de las dos respuestas es afirmativa, mi consejo es que cuanto antes te replantees seriamente tu relación con los alimentos y lo que se esconde detrás de ella. Y te animo a que vengas a charlar conmigo.

Podemos profundizar en muchos más aspectos sobre la dietética, la nutrición y la quinesiología. Para ello he reservado el espacio del blog, en el que regularmente podrás encontrar información útil sobre estas materias, con el que aprenderás a llevar un estilo de vida más saludable.