Proteger el músculo durante la cura de adelgazamiento

Durante mucho tiempo hemos utilizado la báscula como principal referencia para valorar la evolución de un tratamiento para adelgazar.


Sin embargo, desde el punto de vista de la salud, el número de kilos perdidos ofrece una información incompleta. También necesitamos saber qué está ocurriendo con la grasa corporal y con la masa muscular.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada recientemente en el International Journal of Obesity pone el foco precisamente en esta cuestión, especialmente relevante a partir de los 40 o 50 años. Una pérdida de peso saludable debería reducir principalmente la grasa corporal y preservar en lo posible la masa muscular.

Nuestro peso está formado por tejidos diferentes. Cuando una persona pierde diez kilos, esa reducción puede corresponder a grasa, agua y masa libre de grasa, dentro de la cual se encuentra el músculo.

La pérdida de músculo tiene consecuencias importantes para la salud. La masa muscular interviene en el metabolismo de la glucosa, contribuye al gasto energético y resulta fundamental para conservar la fuerza, la movilidad y la autonomía. Su protección adquiere todavía más importancia con la edad, cuando se produce de manera progresiva una reducción de la masa y la función muscular.

Por eso, en un programa de adelgazamiento conviene valorar la evolución de la composición corporal junto con el peso. El objetivo es reducir la grasa, especialmente cuando existe un exceso de grasa visceral, mientras mantenemos una musculatura suficiente para conservar nuestra capacidad física.

¿Qué ocurre con los nuevos medicamentos para adelgazar?

En el estudio se analiza los cambios en la composición corporal asociados a los agonistas del receptor GLP-1 y otros fármacos relacionados, entre ellos semaglutida, liraglutida o tirzepatida.

Los investigadores revisaron 36 estudios y realizaron un metaanálisis cuantitativo de 24 trabajos que reunían a 1.032 pacientes con sobrepeso u obesidad, con o sin diabetes tipo 2.

Los resultados muestran reducciones relevantes del peso, el índice de masa corporal, el perímetro de cintura y, especialmente, de la grasa corporal y visceral. A los tres meses, el metaanálisis encontró una reducción media aproximada del 9 % del peso y del 17 % de la masa grasa. Al mismo tiempo, se observó una disminución más moderada de la masa corporal magra, cercana al 2 %.

Este dato merece atención porque la pérdida de masa magra puede adquirir mayor importancia en determinados pacientes, especialmente en personas de más edad o con poca masa muscular de partida.

Los medicamentos pueden constituir una herramienta terapéutica eficaz cuando existe una indicación médica, dentro de un tratamiento que contemple también la alimentación, el ejercicio y la evolución de la composición corporal.

Los propios autores del estudio destacan la conveniencia de acompañar el tratamiento farmacológico con intervenciones nutricionales y ejercicio para mejorar los resultados a largo plazo. Esta recomendación adquiere especial importancia en personas mayores o con riesgo de sarcopenia.

Añadir el ejercicio de fuerza

La alimentación debe proporcionar los nutrientes necesarios mientras se reduce progresivamente la grasa corporal. Un aporte adecuado de proteínas cobra especial relevancia durante un periodo de déficit energético, siempre adaptado a las características y situación clínica de cada persona.

A ello debemos añadir el ejercicio de fuerza. Caminar, montar en bicicleta, nadar y otras actividades cardiovasculares aportan grandes beneficios para la salud, pero el músculo necesita también un estímulo específico. Un programa de fuerza adaptado a la edad, la condición física y las posibles limitaciones de cada persona contribuye a conservar la masa muscular durante el adelgazamiento y mejora la capacidad para realizar las actividades cotidianas.

Por esta razón, el seguimiento de una persona que está adelgazando debería prestar atención a ambos aspectos. Una reducción progresiva de la grasa acompañada de una buena alimentación y ejercicio regular permite abordar el sobrepeso desde una perspectiva mucho más completa.

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