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La obesidad como consecuencia de conductas adictivas

En  ocasiones, cuando trabajo con mis pacientes sobre las razones de su sobrepeso, me encuentro con que la relación que mantienen con la comida no es saludable. Y no hablo ya en el plano físico, lo que es evidente desde el momento en que deciden acudir a la consulta.

En  ocasiones, cuando trabajo con mis pacientes sobre las razones de su sobrepeso, me encuentro con que la relación que mantienen con la comida no es saludable. Y no hablo ya en el plano físico, lo que es evidente desde el momento en que deciden acudir a la consulta.

Me refiero a los aspectos psíquicos, a los problemas emocionales que las personas sufrimos en nuestra vida y que tratamos de superar o esconder de muchas maneras. A menudo utilizamos la comida como un refugio que nos proporciona un aparente bienestar y serenidad mientras disfrutamos de los alimentos que nos gustan.

Por ejemplo, cuántas veces vemos en las películas al protagonista que se sienta en el sofá con un bote de helado de medio kilo para paliar los efectos de alguna frustración. Es un tópico con el que todos podemos sentirnos identificados alguna vez.

Sin embargo, si esta experiencia se convierte en peligrosa si recurrimos a ella regularmente. Pasamos a sufrir un doble problema: por una parte, nuestro cuerpo comienza a padecer los efectos negativos de tal comportamiento. Y, por otra, no menos grave, caemos en una conducta adictiva propia de las personas que por desgracia han caído en las redes de la drogadicción o el alcoholismo.

Así se ha apuntado en diversos estudios sobre la dimensión psicológica de la obesidad, en los que se señala que un porcentaje de personas que han recibido tratamientos radicales como la cirugía bariátrica para hacerles bajar de peso, desencadenan comportamientos adictivos con otras sustancias.

En consecuencia, nos alerta de que cuando trabajamos con la obesidad, tenemos que prestar mucha atención a los aspectos psicológicos, en los que puede encontrarse una de las raíces del desorden alimentario.

Por eso, cuando decidimos dar el paso de terminar con el sobrepeso, es muy importante comunicar al médico aquellos problemas latentes que pueden estar detrás de los kilos de más. Nosotros siempre estamos dispuestos a escuchar y a ayudar.

Y seguramente, haremos un diagnóstico más preciso y valoraremos si además de la terapia de adelgazamiento, el paciente requiere acudir también a un especialista en psiquiatría que trabaje la vertiente psíquica de esta enfermedad.

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