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Posibles relaciones entre la obesidad y la COVID-19

Como nos alertan desde muchas instancias, el paso a la nueva normalidad no debe hacernos bajar la guardia. Tenemos que seguir extremando las precauciones y, sobre todo, prepararnos ante la posibilidad de nuevos brotes de la COVID-19 a partir del otoño.

Tanto las primeras evidencias recogidas en los hospitales durante estos meses como algunos estudios preliminares sugieren que el sobrepeso y la obesidad son un factor de riesgo a la hora de sufrir la enfermedad.

Es un elemento importante en el caso de las personas mayores de 60 años, ya de por sí más vulnerables a la enfermedad, pero lo que llama la atención es la hipótesis de que personas jóvenes de condición obesa han sufrido esta patología en mayor medida que individuos de la misma edad con un peso normal.

En primer lugar, el hecho de padecer de exceso de peso ya nos causa dificultades respiratorias en condiciones normales, una deficiencia que, como se ha constatado, es muy relevante en la evolución de la COVID-19. Como señalan en un artículo que repasa los testimonios autorizados sobre la relación entre este virus y la obesidad, «la obesidad abdominal, puede causar compresión en el diafragma y en los pulmones. Asimismo, genera una inflamación crónica que puede volverse muy peligrosa si padecemos la enfermedad del coronavirus».

Por eso, en las primeras conclusiones obtenidas tras la experiencia de las hospitalizaciones, que han generado algunos artículos científicos exploratorios que aún precisan más investigación, se hace notar que los individuos con sobrepeso que han sido hospitalizados han tenido más problemas respiratorios y mayor facilidad para desarrollar neumonías, una de las consecuencias más graves de esta enfermedad.

A estos riesgos se añade el hecho de que la obesidad provoca diabetes de tipo 2 e hipertensión en muchos individuos, patologías que aún aumentan más los riesgos en el caso de sufrir la COVID-19, ya que los tratamientos aplicados pueden no ser tan efectivos.

Por desgracia, Estados Unidos está siendo un terrible banco de pruebas para estudiar la relación entre obesidad y COVID-19, ya que la población más afectada, de los segmentos socioeconómicos más bajos de la comunidad, es precisamente la que padece mayores tasas de sobrepeso. Los especialistas apuntan que la obesidad puede ser un catalizador muy relevante de los peores cuadros de la enfermedad. Por ejemplo, se ha señalado que los pacientes obesos han necesitado en doble proporción el apoyo de los respiradores, aparte de que hace tiempo que se ha demostrado que el exceso de peso hace más vulnerables a las personas ante posibles infecciones.

Las informaciones procedentes de Norteamérica tienen eco también en otros países como Francia o China, donde se ha apuntado asimismo que los individuos obesos han presentando una peor evolución, con independencia de su edad.

Todos estos datos, aún relativamente dispersos y en la fase de hipótesis, deben hacernos reflexionar, como tantas otras cuestiones relacionadas con la pandemia. Tenemos que evitar los contagios y mantener una conducta social responsable. Pero en lo que respecta a nuestro organismo, es nuestra obligación preservar y preparar nuestra salud de la mejor manera posible.

Por tanto, considerando que la obesidad puede ser un gravísimo condicionante de riesgo para la COVID-19, animo a que aprovechemos estos meses de aparente tregua para alcanzar un peso normal y aumentar nuestra inmunidad fortaleciendo el organismo a través de la alimentación saludable y el ejercicio físico.

Si estabas pensando en seguir una cura de adelgazamiento o comenzar un programa deportivo adaptado a tus circunstancias, ¡no lo dejes para septiembre! Empieza cuanto antes porque tu salud y tu vida son lo primero. Estoy a tu disposición para lo que necesites.

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