Cambios en en metabolismo a partir de los cuarenta y cinco años

A partir de los 45 años, muchos pacientes llegan a consulta con la misma sensación: "como igual que siempre y ya no me funciona".

No es una impresión subjetiva. Es fisiología, y tiene nombre: perimenopausia en las mujeres, andropausia en los hombres, y en ambos casos, una reorganización hormonal que cambia las reglas del juego metabólico.

En la mujer, el descenso progresivo de estrógenos altera la forma en que el organismo distribuye la grasa. Favorece su acumulación abdominal y reduce la sensibilidad a la insulina. En el hombre, la caída gradual de testosterona se traduce en menor masa muscular y menor gasto energético en reposo. En los dos casos, el denominador común es la pérdida progresiva de masa muscular. Eso implica significa un metabolismo basal más bajo, y ahí es donde muchas personas empiezan a «engordar sin motivo aparente» aunque no hayan cambiado sus hábitos.

A esto se suman otros dos factores que rara vez se explican bien: el sueño, que se fragmenta con estos cambios hormonales y afecta directamente a la regulación del apetito, y el estrés crónico, que eleva el cortisol y favorece la grasa visceral. Ignorar estas piezas explica por qué tantas dietas restrictivas fracasan en esta etapa.

Por qué las dietas de siempre dejan de funcionar

Las estrategias basadas únicamente en restringir calorías tienden a acelerar la pérdida de masa muscular, justo lo contrario de lo que el cuerpo necesita en esta fase. El resultado, a medio plazo, es un metabolismo aún más lento y un efecto rebote casi garantizado. La ciencia actual apunta en otra dirección: mantener o ganar músculo, no solo perder grasa.

Lo que sí ha demostrado resultados sostenidos combina varios elementos:

  • Entrenamiento de fuerza, al menos dos veces por semana, como pilar central —no complemento— de cualquier plan. Es la herramienta más eficaz para frenar la pérdida muscular asociada a esta etapa.
  • Aporte proteico ajustado a las necesidades reales de cada persona, repartido a lo largo del día, para dar al músculo el sustrato que necesita para mantenerse.
  • Cuidado del sueño y del estrés como parte del tratamiento, no como un consejo genérico al margen. Regular ambos mejora directamente el control del apetito y la composición corporal.
  • Seguimiento médico individualizado, porque los cambios hormonales, el punto de partida y los objetivos son distintos en cada paciente.

Esta etapa manifiesta un cambio en las reglas que conviene entender para volver a jugar con ventaja. No hace falta rendirse a «así es la edad», ni tampoco recurrir a soluciones rápidas sin respaldo científico. Con una valoración médica adecuada y un plan ajustado a cada caso, es perfectamente posible mantener un peso saludable, energía y calidad de vida en esta etapa.

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