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Perder peso en la vejez

 

En términos generales, se afirma que conforme cumplimos años, tenemos más dificultades para perder peso. Hay un factor clave en este hecho, y es que la pérdida progresiva de masa muscular, que comienza a partir de los 30-40 años, lleva a que nuestro metabolismo sea más lento y menos eficiente. Necesitamos menos energía porque el gasto calórico es menor. Y, además, aumentamos la tendencia a acumular grasa.

Por eso se dice que los mayores necesitan una menor cantidad de alimento que los individuos más jóvenes, principio que no siempre seguimos, en especial con los alimentos más golosos. Como resultado, no son pocas las personas que en la edad madura presentan cierto sobrepeso. Y al igual que ocurre en otras franjas de población, también en la vejez estamos asistiendo a un incremento de la obesidad, cuyos efectos son mucho más graves en un organismo en declive: problemas cardíacos y respiratorios, riesgo de padecer diabetes y otras patologías del aparato digestivo, dificultades motrices o degradación de las articulaciones, entre otros.

Por otra parte, diversas investigaciones apuntan a que quien ha padecido exceso de peso en etapas anteriores de su vida tiene más posibilidades de engordar cuando sea anciano. En este sentido, si quiere mantenerse delgado, tendrá que hacer un esfuerzo mayor y consumir menos calorías.

Según se deduce, las expectativas no parecen optimistas si nos planteamos perder peso en la madurez. Nos costará más esfuerzo, nos obligará a realizar la dieta en un período más largo y no podremos realizar ejercicio de manera tan intensa como cuando nuestro cuerpo era más joven. No obstante, tenemos que pensar también que el ser humano nos ha sorprendido gratamente en las últimas décadas con respecto a la calidad de vida que se está alcanzando en la vejez. Hay muchas personas mayores de sesenta años que practican ejercicio regularmente y mantienen su cuerpo tonificado, por encima de las previsiones que podían hacerse hace veinte o treinta años. Por tanto, se puede adelgazar y se debe adelgazar.

Quizá puede suponer algo más de sacrificio, pero también hemos de considerar que las metas no son tan exigentes como en otros momentos de la existencia. En verdad, los expertos en geriatría recomiendan un enfoque más global y equilibrado. Tan importante es que nos quitemos unos kilos como que nos mantengamos activos y llevemos una alimentación sana. A lo mejor no se alcanzan los objetivos de peso si los comparamos con personas más jóvenes, pero mantenemos el propósito de no llevar una vida sedentario y de alimentarnos de manera saludable. Se trata de alcanzar una meta tal vez imperfecta para el canon, pero muy beneficiosa para hacer más llevadera la vejez.

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