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Mitos en torno a la obesidad (I)

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Es indudable que cada vez se difunde más información pública sobre nutrición y las enfermedades asociadas como la obesidad, al igual que tenemos mucho más acceso a todo tipo de contenidos de salud. Pero como el cuidado del cuerpo es una cuestión que tiene hoy día mucha relevancia, tanto  por el propio bienestar físico como debido al mayor interés por la estética y el deporte, lo cierto es que abunda mucha información que no tiene el suficiente rigor médico y científico.

Es algo que puede poner en riesgo la vida de las personas, como vemos en los casos de las dietas y planes para adelgazar que prometen resultados fulminantes y con muy poco esfuerzo. Parece muy importante que los ciudadanos adquieran conocimientos básicos sobre hábitos de vida saludables, de acuerdo con la tendencia creciente a involucrar a los individuos en la prevención de enfermedades. Pero tampoco hay que suplantar a los expertos.

En relación con la obesidad, un amplio grupo de investigadores de varias universidades de Europa y Estados Unidos realizaron un estudio sobre algunos de los mitos que manejamos en torno al exceso de peso. Puede ser de utilidad conocerlos para no dejarnos llevar por falsas creencias y no dar por bueno todo lo que se publica en Internet o en los medios populares, o no hacer caso de la primera recomendación que nos da cualquier persona conocida. Vamos a comentar algunos de ellos:

Pequeñas modificaciones en la alimentación o en el gasto de energía pueden tener grandes efectos en el peso a largo plazo.

Una leve modificación del balance energético puede tener efectos en el corto plazo, mientras el organismo se adapta a las nuevas circunstancias. Y en todo caso, nunca serán transformaciones radicales. Por ejemplo, si reduces el número de calorías en un 10 por ciento o aumentas la actividad física en un 10%, comprobarás una ligera pérdida de peso. Pero a medio plazo, el organismo es capaz de adaptarse a las nuevas circunstancias y reducir al mínimo el impacto del cambio. Por ello, si buscamos una transformación grande, las modificaciones tienen que ser de mayor calado y se debe tener en cuenta la evolución del organismo para introducir nuevos factores de desequilibrio.

Hay que fijar metas realistas de pérdida de peso porque si no, el paciente se frustrará y perderá menos peso

Desde el punto de vista psicológico, esta recomendación puede parecer plausible, pero la evidencia científica muestra que cuanto mayor es la ambición de la cura de adelgazamiento, más posibilidades existen de que la pérdida de peso sea más eficaz. Por otro lado, el realismo no debe venir exclusivamente desde la vertiente psíquica, sino también desde el punto de vista del organismo, con el dignóstico del especialista. Por ejemplo, si tras el análisis médico se determina que una persona ha de perder 20 kilogramos para salir del sobrepeso o mejorar claramente algunas variables de su salud, un objetivo menor no conseguirá el propósito deseado, aunque en el plano psicológico advirtamos una mejora en el paciente. Quizá la clave está en utilizar la motivación para conseguir que la persona persiga como alcanzable una meta que a priori se le antoja inalcanzable.

En el largo plazo, las dietas muy bajas en calorías son menos efectivas que los regímenes más suaves y progresivos

Otro de los lugares comunes más aceptados señala que las dietas muy estrictas son menos eficaces en el largo plazo que las dietas menos exigentes. Debemos aclarar que en ambos casos nos referimos a regímenes prescritos por especialistas, no a toda suerte de soluciones milagro que se propagan sin fundamento. Se considera que después de hacer una dieta muy baja en calorías, existe mayor riesgo de recuperar rápidamente el peso. Y, por el contrario, se afirma que con una dieta moderada, si bien se tarda más en alcanzar los objetivos de peso, es más difícil que se produzca una rápida recuperación.

Sin embargo, los investigadores no han hallado evidencias que soporten esta hipótesis. La realidad es que ambas estrategias de pérdida de peso pueden ser igual de efectivas (su prescripción, como siempre, depende del diagnóstico) y ninguna de ellas tiene más o menos influencia a la hora de recuperar el peso. Desde el punto de vista psicológico, ambas presentan sus ventajas e inconvenientes. Pero lo que debe quedar claro es que si se pierde peso a más velocidad (insisto, con una dieta prescrita por el médico), no hay razones objetivas para creer que a la larga será menos eficaz.

En una próxima entrada seguiremos comentando algunos mitos más.

 

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