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Los límites del ejercicio: vigila tu corazón

 

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En el deporte también se muestra que vivimos una sociedad de profundos contrastes. Por un lado, se incrementa de forma sostenida el porcentaje de personas que llevan una vida muy sedentaria y  poco saludable. Y por otro, una parte de la población se está volcando claramente por la alimentación sana y el deporte.

Sin embargo, comienza a ser habitual ver que en este segundo grupo hay individuos que quizá están siendo demasiado estrictos con su alimentación y, sobre todo, con los programas de entrenamiento. Trabajan bajo la creencia de que en el deporte hay una progresión infinita y que es necesario ir aumentando siempre los niveles de exigencia a la búsqueda de un eterno perfeccionamiento. Pero hasta los atletas de elite tienen límites, y eso que durante un período de su vida deportiva están obligados a dar lo máximo de sí mismos.

Evidentemente, practicar un plan de trabajo sistemático y con ayuda de entrenadores es una política muy recomendable. Y desde luego, cuando partimos de muy bajos estados de forma física necesitamos progresar. Es una evolución natural. No obstante, aunque realicemos el ejercicio con una mentalidad de mejora continua, algo que también está muy de moda en el ámbito profesional, dicha mejora no tiene por qué consistir en mayor intensidad.

Por ejemplo, si nos dedicamos al running, el objetivo no debería ser siempre el hecho de rebajar el tiempo con respecto a la distancia o correr cada vez más kilómetros hasta el mítico maratón, sino otros propósitos, como mejorar nuestra forma de correr y de respirar, enriquecer el entrenamiento con variedad de ejercicicios, incrementar la calidad de los estiramientos, aprender a controlar los ritmos de carrera…

Esta reflexión viene a cuento porque aumenta la preocupación entre los especialistas de medicina deportiva en torno a los excesos que cometen algunos atletas aficionados. En general, la mayoría de las personas siguen pautas de trabajo razonable y no se someten a sobreentrenamientos. Pero también vemos deportistas que no saben valorar cuáles son sus límites.

Como apuntan algunos estudios, parece que los beneficios de la práctica deportiva tienen un punto de equilibrio, especialmente si el ejercicio tiende a mayor intensidad. Hacer deporte regularmente de forma moderada presenta ventajas inmediatas en nuestra salud cardiovascular y en los niveles de colesterol, azúcar, triglicéridos, etc., y también en la vitalidad muscular y articular. Cuando pasamos de la moderación a la mayor exigencia, se apunta a que los beneficios no evolucionan al mismo ritmo, e incluso, puede que decaigan.

Este aspecto es particularmente relevante con respecto al corazón. Se ha descubierto que al someter al músculo cardíaco a trabajos muy exigentes pueden producirse microlesiones que no tienen mayor importancia porque con varios días de descanso se regeneran, al igual que ocurre con toda la masa muscular al someterla a actividad intensa. Pero los expertos sugieren que si el ciclo de entrenamiento tiende constantemente a una mayor exigencia, puede que no se produzca la suficiente recuperación y surjan problemas más graves.

En este punto, además, interviene la carga genética de cada individuo y su posible predisposición a sufrir dolencias cardíacas. Hay que pensar que con el entrenamiento, el corazón cambia su fisiología. Es normal, ya que tiene que adaptarse a nuevo ritmo de actividad. Pero al mismo tiempo, este hecho abre la puerta a posibles problemas o patologías que no sufriría el músculo cardíaco de una persona que no hace deporte. Es decir, cada estado tiene sus ventajas e inconvenientes.

En todo caso, que nadie piense que llevar una vida sedentaria es mejor para el corazón o cualquier otro órgano. Todo lo contrario: el deporte es más beneficioso para la salud que la “terapia del sillón”. A la vez, tenemos que evitar por sistema el ejercicio extenuante y estar atentos a cualquier señal que nos envíe nuestro cuerpo: fatiga repentina e inusual, problemas para respirar, dolor en el pecho. Y si entramos en la dinámica del deporte muy intenso, hemos de someternos a un estricto control médico.

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