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No hace falta preparar maratones para mejorar notablemente el estado físico

correr no es correr maratones

Como todas las modas, la fiebre del running tiene muchas luces y algunas sombras. Por una parte, ha mostrado a miles de personas el camino de la salud y el bienestar con una práctica deportiva en principio sencilla y al alcance casi de cualquiera.

Pero por otro lado, ha generado un afán de superación quizá demasiado severo, por el que surgen lesiones entre muchos corredores y que provoca una cierta obsesión por lograr marcas que no todo el mundo debe perseguir.

Como en otras muchas disciplinas deportivas,  los objetivos primordiales del running son mejorar el estado físico, retrasar el envejecimiento y alcanzar un bienestar emocional que nos aleje de los problemas del día a día. Por el contrario, en ninguna guía de entrenamiento debería decir que nuestra meta es correr maratones o hacer los kilómetros en menos de cuatro minutos.

En alguna medida, deberíamos aplicar el principio de que no siempre más es mejor, al menos para la gran mayoría de las personas. De hecho, para muchos deportistas cuya aspiración esencial es mejorar la salud y contribuir a frenar el sobrepeso, puede ser suficiente con correr menos de diez kilómetros a la semana.

Es decir, según un estudio reciente que trata de los beneficios de la carrera para evitar las enfermedades cardiovasculares y la mortalidad prematura, el running practicado de forma moderada puede ser mucho más eficaz que ejercido de manera intensiva.

Los expertos señalan que un ciclo semanal entre 6 y 10 kilómetros presenta efectos inmediatos sobre la capacidad cardiovascular y los niveles de colesterol, triglicéridos o azúcar.

A la vez, al no superar este programa de entrenamiento no entramos tan fácilmente en el riesgo de sufrir lesiones musculares o articulares, o incluso de padecer dolencias cardíacas (algo que no es frecuente, pero que también puede ocurrir a algunas personas que siguen programas muy exigentes).

Por tanto, es importante que no nos dejemos llevar por los excesos de algunas modas. Si optamos por correr, aparte de hacernos un reconocimiento médico (y si nos lo prescriben, una prueba de esfuerzo) para conocer nuestras posibilidades reales, hemos de dar prioridad a la salud y al bienestar y no a los récords.

Es obvio que si persistimos en esta práctica deportiva y seguimos un programa formal de entrenamiento, experimentaremos una progresión. Sin embargo, pese a que haya “expertos en running” que nos recomienden terminar participando en pruebas competitivas cada vez más duras, no debemos perder de vista cuáles son nuestros límites y los verdaderos objetivos de echar a correr. Salud, mucha salud.

 

 

 

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