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Obesidad y exclusión social

Habitualmente, cuando hablamos de la obesidad la tratamos desde el punto de vista fisiológico y nos centramos en los efectos que el sobrepeso tiene en nuestro organismo. Pero también es importante considerar las consecuencias psicológicas y sociales que el exceso de peso tiene sobre las personas.

En ocasiones, los desarreglos de orden mental son los catalizadores de la obesidad, puesto son los que impulsan a utilizar la comida como un refugio para esconderse de las dificultades de la vida. Y en otros momentos, la propia obesidad, a lo mejor alcanzada de forma inconsciente, termina por causar un gran impacto psíquico y social en las personas. Vamos a hablar de este último apartado.

En nuestra época, estamos comprobando que el exceso de peso se convierte paulatinamente en una nueva barrera social. Al igual que nos encontramos con fenómenos de discriminación por razones de raza, estatus socioeconómico, creencias políticas y religiosas, o identidad sexual, también aparecen conflictos entre las personas normales (y sobre todo, las que cultivan su cuerpo) y las obesas.

Ya hace tiempo que se publican diversos estudios que apuntan a este problema. Los individuos obesos comienzan a padecer una cierta separación del resto de la sociedad que les perjudica en su autoestima y en las oportunidades sociales y profesionales. Por una parte, sufren por razones de estética. El canon de belleza imperante, centrado en la juventud y en la perfección formal del cuerpo, los aleja por completo de la imagen deseada del ser humano.

Su ‘fealdad’, en ese sentido, les estigmatiza. Por ejemplo, se ha comprobado que las personas con sobrepeso pierden oportunidades de empleo porque en primera instancia siempre son rechazadas frente a quienes ofrecen una imagen atractiva. Asimismo, dentro del trabajo se tiende cada  a pensar que alguien obeso responde al estereotipo de poco productivo, indolente, sin ambición, desordenado. Por lo tanto, en quien no se puede confiar porque si no es capaz de cuidar su propio organismo, cómo va atesorar capacidades en otros aspectos.

Tal contexto agudiza la falta de autoestima y la sensación de fracaso que acompaña a muchos hombres y mujeres obesos, que además de perder terreno en lo profesional, también quedan atrás en sus relaciones personales y sentimentales. Lo negativo de todo esto es que pueden entrar en un círculo vicioso del que les resulta muy difícil salir.

Y es que la mayoría de los individuos con exceso de peso sí conocen las claves para evitarlo. Uno de las experiencias más positivas de la lucha contra la obesidad y del fomento de la prevención de enfermedades es que disponemos de mucha información sobre los principios de una vida sana. Si los obesos no los aplican, no es por falta de conocimiento, sino más bien por otros motivos de raíz psicológica. Por tanto, un entorno social que les penaliza conduce a agravar su patología, lo que contribuye a explicar el fracaso recurrente de muchos de ellos.

A los especialistas, la manifestación social de la obesidad nos confirma que el tratamiento de esta enfermedad requiere una terapia integral, en la que la cura de adelgazamiento es solo una parte. En nuestra sociedad son muy importantes también otros enfoques, como las prácticas de reeducación alimenticia y deportiva o el tratamiento psíquico, que ayude a neutralizar la función de la comida como antídoto frente a los sinsabores de la existencia.

Y como ciudadanos, debemos tomar conciencia de que no solo es un problema que atañe a quienes padecen de sobrepeso. En nuestro ámbito personal y profesional podemos hacer mucho por ayudarlas a superar su enfermedad y, especialmente, para evitar que sean excluidas o sufran más de lo que ya sufren.

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