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Los riesgos del efecto rebote

Cuando comenzamos una cura de adelgazamiento y superamos con éxito las primeras semanas, es muy probable que alcancemos los objetivos marcados de perder peso o que al menos nos quedemos muy cerca de ellos. Si hemos padecido la obesidad durante mucho tiempo, un nuevo mundo se abre ante nosotros.

Nos sentimos mejor, más jóvenes, cambiamos nuestra imagen externo, contamos con la aprobación de quienes nos rodean… Llega incluso el momento en que nos preguntamos cómo hemos sido capaces de soportar el sobrepeso. Ya no nos parece en absoluto racional.

Pero la fase de adelgazamiento se acaba y llega el momento de volver a la vida normal. Pero no a la “vida normal” de antes, sino a la que llevan la inmensa mayoría de las personas que están habitualmente dentro de su peso. Por desgracia, en esa etapa un elevado porcentaje de obesos falla, y no pasan más de dos años hasta que vuelven a recuperar los kilos perdidos y, a menudo, unos pocos más.

Con ello, el problema suele acrecentarse, no solo desde el punto de vista físico, sino también mental. Tenemos la impresión de haber sido derrotados, nos acusamos de falta de voluntad y desciende aún más nuestra autoestima. No pasa nada. El que cae, tiene que levantarse de nuevo.

Como podéis suponer, esta es la situación que me encuentro muchas veces . Porque por lo que respecta a la obesidad, mi mayor deseo es que los pacientes no tengan que volver a la consulta salvo a saludarme y mostrarme lo bien que se encuentran. Es la prueba de mi buen hacer y, sobre todo, de su éxito. Ahora bien, si tienen que regresar, es mucho mejor ponerse en manos de un especialista y volver a intentarlo. El fracaso es una experiencia necesaria en todos los aspectos de la vida, siempre que nos deje fuerzas para superarlo. Por fortuna, contra el sobrepeso se puede luchar una y otra vez hasta vencerlo.

Por todo ello, cada vez me parece más importante trabajar “el día después”. El tiempo en que ya no hay restricciones alimenticias ni controles médicos. Solo el compromiso personal para alimentarse equilibradamente y llevar una existencia activa. Nada más y nada menos. De hecho, en nuestro campo profesional cada vez se habla más de la necesidad de llevar a cabo terapias a largo plazo, bajo la premisa de que una proporción no desdeñable de personas obesas han de tener la consideración de un enfermo crónico, aunque su recuperación parezca indicarnos lo contrario.

En el período de mantenimiento dentro del régimen, creo que hay que trabajar mucho la concienciación de los pacientes. Que se convenzan por sí mismas de los beneficios del nuevo estado de su salud y de los peligros de regresar al callejón sin salida hacia el que les condujo la obesidad. Que no se den cuenta cuando ha sucedido algo irreparable, en especial a partir de los cuarenta años. Por ejemplo, en estos días se ha hablado mucho del ictus, el infarto cerebral que cada vez afecta a personas más jóvenes. Muchas de ellas padecen sobrepeso, entre otros factores.

En esta línea, me parece interesante un trabajo que habla de los riesgos del efecto rebote (recuperar y ganar más peso del perdido después de terminar una dieta), desde el punto de vista del organismo. Señala que los indicadores de riesgo metabólico (exceso de lípidos en sangre, alto índice de glucosa, aumento de la presión arterial) vuelven a mostrar señales de alarma en cuanto el individuo recupera el peso. Es decir, que los efectos positivos de la cura de adelgazamiento desaparecen rápidamente en cuanto volvemos a engordar. El cuerpo no es capaz de resistir, y el exceso de grasa corporal vuelve a tener efectos devastadores sobre él.

El artículo nos da otro buen motivo para tomarnos en serio el regreso a la normalidad. Mucho ánimo a los que estéis en esa etapa.

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