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¿Adelgazar rápido o adelgazar despacio?

Adelgazar rápido o despacio No vivimos en una sociedad paciente. Todo a nuestro alrededor se mueve de forma vertiginosa y los cambios se suceden con demasiada rapidez. Con ello, nos hemos acostumbrado a esperar resultados inmediatos en cualquier acción que llevamos a cabo. Y si no lo conseguimos, nos invade la frustración. Si trasladamos esta dinámica a nuestra salud, vemos que nos pasa lo mismo. Queremos perder peso en unos pocos días, recuperar la forma física en una semana y rejuvenecer de un día para otro. Pero los milagros no existen, pese a lo que nos digan los anuncios de televisión o los métodos revolucionarios con que nos bombardean una y otra vez.

Sin embargo, sí es cierto que los especialistas debemos tratar de dar respuesta a esta ansiedad general porque no es una moda pasajera. La sociedad vive muy deprisa y no parece tener ganas de detenerse. Por eso, en el plano que nos ocupa, la dietética y el entrenamiento deportivo, hemos visto aparecer en los últimos dos o tres años un gran número de propuestas de régimen o de plan deportivo caracterizadas por el corto plazo y la alta intensidad.

Entre ellas hay de todo, desde los fraudes de siempre hasta iniciativas cuyo verdadero efecto está aún por determinar. A mi juicio, lo más importante es quedarse con la idea de que hay que adaptar los programas de mejora de la salud a las circunstancias de la sociedad, aunque sin perder de vista el principio de que las verdaderas transformaciones solo ocurren a largo plazo, con un esfuerzo sostenido en el tiempo.

Porque no debemos pensar solo en el cambio inmediato que produce una dieta o un ciclo de entrenamiento, sino sobre todo en la evolución duradera que necesariamente ha de producirse en los individuos. De lo contrario, la sombra del fracaso y del retorno al punto de partida no se desvanece.

Fruto de las nuevas circunstancias, se observan ciertos cambios de tendencia con respecto a las dietas. En mi caso, he tenido que establecer ciclos más cortos dentro del plan para lograr que una parte de mis pacientes no se desanime y consiga sus objetivos. A muchas personas menores de 40 años les cuesta mucho asumir el largo plazo y hay que ayudarles a sobrellevar la tarea.

Al mismo tiempo, en la comunidad médica ha surgido el debate sobre si es más efectivo el adelgazamiento rápido o el lento. Sigo defendiendo que para adelgazar para siempre no basta con un plan de acción rápida. Una cura intensiva nos ayuda a perder peso con rapidez, a recuperar salud y autoestima, pero no debemos verla como un fin en sí misma, sino como una de las etapas que hemos de superar para dejar de ser un obeso durante el resto de nuestra vida.

La estrategia alimenticia que iniciamos con el régimen no puede abandonarnos nunca, aunque según obtengamos resultados y pasemos a las fases de consolidación y mantenimiento, podremos volver a consumir de todo tipo de alimentos. Pero no podemos volver a comer igual que antes, porque regresaremos al sobrepeso, y encima, a gran velocidad.

Por tanto, es más bien una cuestión de reeducación alimentaria que de cambio metabólico. Va más allá de la respuesta fisiológica de nuestro organismo al cambio en el modo de nutrirnos. De hecho, en un reciente estudio publicado en la revista The Lancet Diabetes & Endocrinology se apunta a que no hay diferencias significativas a la hora de recuperar peso entre las personas que han seguido un régimen corto e intenso y quienes han adelgazado con una dieta más suave y larga.

Es decir, que si se incurre de nuevo en los hábitos que han conducido a la obesidad, a estrategia previa de pérdida de peso no nos va a salvar del desastre. Por otra parte, no debemos olvidar que además de la dieta, está la actividad física, esencial a la hora de mantener el balance metabólico.

Para adelgazar, no tomes el camino más corto. Emprende un nuevo camino.

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