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Compromiso personal con el mantenimiento de la dieta

 

Compromiso a largo plazo-2

Pese a lo que pretenden decir algunos, no hay dietas milagrosas. El verdadero milagro de una dieta se produce cuando nos comprometemos con la pérdida de peso y somos capaces de cumplir cabalmente con el programa de alimentación y ejercicio que nos ha prescrito el especialista. Y no tanto durante las tres o cuatro primeras semanas, sino sobre todo a partir del momento en que comenzamos a retornar a la alimentación normal (En la que recordad, podremos volver a comer de todo, pero no todo lo que queramos a todas horas).

Porque pasados unos meses y perdidos muchos kilos, la motivación que empuja a los pacientes comienza a perder fuerza en muchos casos. Primero descuidamos levemente alguna norma y tomamos lo que no debemos, aunque sea de forma puntual. Después, pasamos a convertir las excepciones en algo habitual y nos dejamos llevar paulatinamente por el antiguo estilo de vida que nos llevó a engordar. Durante varios meses combinamos las pautas de la dieta con las licencias, y nuestro cuerpo se mantiene en el nivel de peso alcanzado porque el cambio metabólico actúa de freno contra la acumulación de grasa.

Sin embargo, si nos olvidamos del compromiso que nos llevó a adelgazar, pronto se rebelará el organismo y volveremos al punto de partida del sobrepeso. Le ocurre a muchísimos obesos, que no terminan de comprender que su pacto con el bien comer es para siempre y algo que no pueden delegar en otros: el médico, quien les prepara la comida, el cónyuge que les anima o les censura, los amigos que le empujaron a adelgazar… El mantenimiento de la dieta se presenta como un reto muy personal.

De ahí que en la comunidad médica se trabaje cada vez más con la idea de que los pacientes son los primeros responsables a la hora de mantener un peso equilibrado. Tratamos de convencer a quienes piden nuestra ayuda que nosotros somos precisamente la ayuda, el asistente, no el protagonista del milagro. El milagro lo obra la persona que consigue adelgazar cuarenta kilos y recuperar un estado de forma de veinte años atrás. Nosotros hacemos lo posible para que se desencadene el proceso, pero no podemos convertirnos en la voluntad del paciente.

Este principio se confirma en los experimentos llevados a cabo para descubrir las claves de la motivación en el adelgazamiento. Un reciente artículo en la revista Obesity señala, por ejemplo, que en la medida en que los pacientes se responsabilizan personalmente con la vigilancia de su peso y la evolución de la dieta, aumentan de forma notable sus posibilidades de éxito. Así se ha demostrado al estudiar varios grupos de personas obesas. Quienes vigilaban la marcha de la dieta de forma sistemática en el medio y largo plazo conseguían mejores resultados que los individuos que dejaban el control de su régimen exclusivamente en manos de terceros. Asimismo, los investigadores sugieren que el control ha de ser bastante constante para resultar efectivo.

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