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Cuidado con los endulzantes sustitutivos

La soda mata

En nuestro consumo se ha generalizado el recurso a productos bajos en calorías o en azúcares, como una vía de limitar el consumo de carbohidratos de alto índice glucémico y contribuir a un mejor balance energético. En principio, el hábito parece positivo, pero puede provocar el efecto contrario al que perseguimos si abusamos de alimentos o bebidas con componentes sustitutivos del azúcar, que es lo que hace mucha gente con sobrepeso.

Piensan que estos alimentos no engordan, o engordan menos, y creen que por eso pueden tomar toda la cantidad que quieran. Muchos olvidan que la obesidad va más allá de las calorías, puesto que también depende de cómo espoleemos a nuestro cuerpo a almacenar grasa. Y como sabéis, además de la glucosa, otros azúcares como la fructosa  pueden ser también determinantes a la hora de influir en que nuestro organismo se oriente a la acumulación de grasa.

De hecho, aquí reside el problema. Desde los años setenta hay una tendencia general a consumir menos azúcares y a buscar sustitutivos dulces, los famosos endulzantes sin calorías, presentes en muchos alimentos y, sobre todo, en las bebidas light. Cuando se adoptó la costumbre, estaba guiada por el objetivo de reducir la ingesta de calorías, algo que en principio parece loable. Sin embargo, esta práctica ha terminado por convertirse en algo nefasto, una prueba más del lobo con piel de cordero que se esconde a menudo en los hábitos alimenticios de la sociedad moderna.

Porque la propia industria alimentaria ha contribuido en gran medida al abuso de este tipo de sustitutivos. En una primera etapa, los fabricantes adaptaron los productos a los nuevos patrones de consumo. Pero luego, al descubrir que muchos de estos sustitutivos del azúcar eran más baratos, fáciles de procesar y almacenar, se lanzaron a incorporarlos a todo tipo de alimentos. Como resultado, numerosos habitantes de la cesta de la compra contienen hoy componentes como el sirope de maíz, por poner un ejemplo, que eleva de forma alarmente los niveles de fructosa en muchas cosas que comemos y bebemos hoy.

La ciencia ha demostrado que el consumo excesivo de la fructosa que contienen los alimentos y las bebidas light tiene efectos muy perniciosos para el hígado. Obliga al órgano hepático a trabajar más de la cuenta para procesarla y está dando lugar a muchos casos de pacientes con hígados grasos y enfermos, con características similares a las que causa el abuso del alcohol.

Por lo tanto, debemos revisar la cantidad de alimentos dulces que consumimos, al margen de que tengan muchas o pocas calorías. Pienso que es muy claro en el caso de los refrescos light, pero también en todos esos productos dietéticos que nos venden bajo la premisa de que si los consumimos, no engordaremos. Si nos excedemos en la ingesta, seguro que sí lo haremos, aparte de que estemos perjudicando seriamente a nuestro organismo.

Por suerte, como muchos aspectos que tienen que ver con la nutrición, un cambio radical en nuestras prácticas, sumado al ejercicio físico, pueden ayudar a paliar el mal. Así lo demuestra un estudio realizado en la Universidad de Siracusa con un grupo de adultos jóvenes adictos a los refrescos y a los endulzantes sustitutivos.

En ese caso, el solo hecho de incrementar notablemente la actividad física (al doble de lo habitual, teniendo en cuenta que muchos participantes eran sedentarios), ayudó a reducir los niveles de azúcar en sangre causados por el exceso de consumo de estos productos y mejorar otros indicadores metabólicos.

Por otra parte, la investigación ayudó a confirmar que efectivamente, el consumo elevado de fructosa es nocivo para la salud, al igual que señalan muchos otros trabajos de investigación.

¿Conclusión? La clave para adelgazar, mantener un peso estable y un cuerpo sano no se encuentra en los atajos, por muy dulces que nos resulten. Hemos de comer equilibradamente y erradicar en lo posible todos los nutrientes que no ayudan a nuestra salud. Como me gusta decir a mis pacientes, podemos comer de todo, pero no todo lo que nos gusta a todas horas.

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