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Crece el sedentarismo y la obesidad en la infancia

Seducidos por las grandes pantallas

Está generalmente aceptado que quienes sufren de sobrepeso en la infancia tienen muchas más posibilidades de ser adultos obesos. Este riesgo se ha acentuado mucho en los últimos decenios por el cambio en los patrones de alimentación y ejercicio de muchos niños y niñas.

Por una parte, el fácil acceso a alimentos procesados, el exceso de consumo de carbohidratos con alto índice glucémico y la ingesta abusiva de productos pseudosaludables como zumos y refrescos artificiales, influyen negativamente en el balance energético del su organismo.

Por otro lado, como signo de los tiempos, los pequeños también invierten más horas de la cuenta en actividades sedentarias, debido a los imperativos tecnológicos y a las dificultades para realizar más vida al aire libre sin peligros.

En ese contexto, los especialistas advertimos una evolución peligrosa hacia mayores índices de sobrepeso y obesidad, que nos obligan a tomar medidas. Más allá de las prescripciones médicas y las políticas educativas, que cumplen su papel, me parece muy importante que los padres y madres seamos conscientes de que como las reglas del juego han cambiado, y nunca mejor dicho, tenemos que replantearnos qué cambios introducimos en la educación de nuestros hijos para compensar la mayor propensión al exceso de peso.

En cuanto a la alimentación, tenemos que desterrar cuanto antes la peligrosa creencia de que el organismo infantil es una sala de máquinas a pleno rendimiento que puede con todo. Es cierto que su metabolismo, unido al proceso de crecimiento, es mucho más eficaz que el de los adultos. Pero los estudios sobre obesidad infantil nos demuestran cada vez con más firmeza que el abuso de alimentos preparados y la concesión constante al capricho en la elaboración de las comidas están causando estragos y aumentando de forma alarmante el número de candidatos a la obesidad adulta.

Por eso, como progenitores hemos de hacer el esfuerzo de adaptarnos a las nuevas coordenadas sociales (padres y madres que trabajan, falta de tiempo para cocinar, presión laboral) y cambiar el programa dietético allá donde más fallamos. El cambio requiere un esfuerzo, pero mucho menos que otros sacrificios que hacemos por nuestros hijos.

Y sobre el ejercicio, nos encontramos con una cierta paradoja. Todos los niños realizan deporte en el colegio o como actividad extraescolar, pero muchos apenas se mueven durante su tiempo libre. Sus horas de asueto las dedican fundamentalmente a tareas pasivas, entre las que destaca el consumo incontrolado de pantallas (televisión, ordenador, tableta, teléfono móvil, consolas de videojuegos).

Un estudio realizado por investigadores del Centro de Prevención del Sobrepeso de la Universidad de Amsterdan ha descubierto que existe una creciente correlación entre el consumo de pantallas y el sobrepeso, sobre todo entre los niños y niñas de 4 a 8 años. En esta situación también influye el hecho de que cuanto más tiempo pasan sentados, de peor calidad son los alimentos que toman en esos períodos (dulces, aperitivos, refrescos). La investigación, realizada sobre una muestra de más de 4.000 individuos, indica que se incurre cada vez más en una nefasta combinación que mina las bases de la salud para el resto de la vida.

Durante su tiempo libre, los pequeños invierten en torno a dos horas diarias a actividades físicamente pasivas, que se suman al tiempo que han de permanecer sentados por obligación. Los autores señalan que el poder para revertir esta tendencia está sobre todo en manos de los padres y madres. Han de introducir hábitos nuevos en la vida familiar para que el sedentarismo no se convierta en la conducta principal de sus hijos.

Te sugiero que hagas un repaso de lo que ocurre en tu propia casa y que si es necesario, te animes a introducir los cambios necesarios. Y si tienes dudas, puedes consultarme lo que quieras.

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