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La actividad física en la infancia

La actividad física en la infancia

El estilo de vida imperante no favorece que llevemos una vida muy activa. La mayoría de los adultos ha caído desde hace tiempo en las redes del sedentarismo, tanto por las obligaciones laborales como por la comodidad que nos ofrecen los modernos sistemas de transporte. También pienso que no toda la culpa es de los individuos, ya que las condiciones de nuestra veloz y exigente sociedad dejan poco tiempo para las actividades lúdicas. Sin embargo, a la vez vemos cómo un porcentaje notable de personas procura sacar unos minutos al día para practicar deporte, conscientes de que es algo necesario para su buen estado de salud física y mental. Es cuestión de proponérselo y no desfallecer en el intento abrazados a un sillón.

Y, en buena medida, es un asunto educativo. Pero no me refiero tanto a que el deporte y el conocimiento de la vida saludable se enseñen en las escuelas. De hecho, el colegio es el ámbito en el que más conciencia existe sobre la necesidad de fomentar la actividad física. El esfuerzo de la comunidad docente tiene que ser respaldado por la enseñanza en la familia, por inculcar a nuestros hijos e hijas la importancia de realizar siempre ejercicio y no solo por competición o como tarea escolar. Al igual que tratamos de inculcar en ellos hábitos y valores de otras dimensiones de la vida, tenemos que mostrarles la importancia de la actividad física para su salud y equilibrio emocional. Seguramente, como en tantas otras facetas, lo más efectivo es enseñarlo con el ejemplo.

La reflexión viene tras la lectura de una investigación sobre la actividad física en la infancia. En ella se constata que, efectivamente, el tiempo que los menores dedican al deporte es muy inferior a la proporción invertida en actividades sedentarias. Se ha estudiado a un grupo de niños y niñas de diez años durante un período de tiempo y los datos indican que el 75 por ciento del día lo destinan a estar sentados, por trabajo u ocio. Del porcentaje restante, un 16 por ciento se centra en caminar y menos del 3 por ciento del tiempo a actividades más exigentes como correr o saltar. Y eso que son niños. Los investigadores señalan que las cifras confirman de manera bien clara lo que el sentido común y la experiencia diaria nos dicen desde hace varios años: no nos movemos lo suficiente.

Esta penuria física es un factor que se agrava con la dieta poco equilibrada que sigue buena parte de la sociedad. Y, evidentemente, es una de las razones que explica la creciente obesidad infantil. Como padres y madres, debemos preguntarnos qué podemos hacer por cambiar la peligrosa tendencia. Es nuestra responsabilidad.

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