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Genética de la obesidad: nuevas evidencias

genética de la obesidad

En varias ocasiones hemos hablado de las raíces genéticas de la obesidad, campo en la que la investigación científica está haciendo constantemente nuevos hallazgos. En la evolución hemos modificado nuestro código génetico para responder a las condiciones ambientales en diferentes aspectos, entre los que se incluye el de la alimentación. Las dificultades del ser humano para obtener alimentos en determinados períodos de nuestra historia nos ha hecho capaces de almacenar nutrientes a la menor oportunidad. Un mecanismo que ha sido muy útil en momentos de escasez se ha convertido en una maldición para tiempos en los que conseguir alimento es una tarea relativamente sencilla para quienes vivimos en el mundo industrializado.

La genética pesa en la lucha contra la obesidad. Por eso, todos los avances que se puedan hacer en la terapia génica para hacer frente al sobrepeso pueden ayudar en cierta medida a paliar el problema. No obstante, como apuntábamos la semana pasada al hablar de la nutrigenómica, también podemos hacer mucho con nuestro estilo de vida para modificar las predisposiciones congénitas de nuestro organismo. No todo es cuestión de un tratamiento médico, que en verdad debería intervenir cuando fallan otras vías. Por eso, no me importa insistir una y otra vez en la importancia de la responsabilidad individual al la hora de enfrentarse al exceso de peso.

Sin embargo, los factores genéticos están presentes en nuestra relación con la acumulación de grasa. Así lo demuestra por ejemplo un  grupo de investigadores británicos que ha publicado un artículo sobre la materia en la revista científica Cell. Han descubierto la relación que existe entre la presencia de distintas variantes de una proteína intracelular (KSR2) y la tendencia a la obesidad por parte de unos individuos. Tales variantes influyen en que algunas personas están inclinadas a poseer un metabolismo ineficaz o un nivel elevado de resistencia a la insulina, entre otros rasgos, que les conducen de forma más rápida al sobrepeso o a la diabetes de tipo 2.

El hallazgo de esta evidencia abre el camino a nuevas terapias. Si se eliminan o modifican las variantes de esta proteína, se logrará frenar la predisposición a la obesidad o se reducirá el riesgo de padecer diabetes. Ciertamente, descubrimientos como este nos brindan nuevas posibilidades. Pero no te olvides de lo que puedes hacer tú mismo sin recurrir a tales técnicas, que por ahora se centran sobre todo en las pruebas de laboratorio.

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