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Thigh Gap o el desarrollo físico desequilibrado

Hay que animar a todo el mundo a que mejore su estado de forma e incluso, que vaya más allá. No hagamos tanto caso a los cantos de sirena de la cirugía plástica y de muchos tratamientos estéticos de imprevisibles consecuencias. Reivindiquemos la capacidad de tonificar y moldear nuestro cuerpo con un plan de entrenamiento a largo de plazo y adecuado a nuestra edad, estructura y condición física.

Muchas personas preocupadas por su figura que nunca han pisado un gimnasio o seguido un plan deportivo, se sorprenden de lo que se puede conseguir con un trabajo físico sistemático, que busca sacar a la luz la belleza que atesora cada cuerpo, con esfuerzo y orientación profesional. Os aseguro que podemos obrar verdaderos “milagros” sin utilizar un solo tratamiento que vaya más allá de tablas de ejercicios acompañadas de un programa nutricional. ¿No te lo crees? Somos muchos los especialistas que realizamos este trabajo todos los días, lejos de los quirófanos, las pastillas o las más variadas sustancias que se lanzan al mercado con la promesa de la eterna juventud.

Sin embargo, aunque esta vía para estar más sanos, sentirnos mejor y vernos más atractivos es mucho más recomendable que otras, también tiene sus riesgos. El exceso de ejercicio físico y, sobre todo, la ausencia de un programa de trabajo preparado por un especialista pueden frustrar expectativas y rendir frutos no deseados: disfunciones en el desarrollo muscular, lesiones (muchas más de las que os podéis imaginar, incluso en deportistas de élite) y, en general, una falta de armonía corporal que no responde a lo que esperábamos.

Porque como en tantas otras cosas de la vida, lo importante es el equilibrio y la autenticidad. Podemos sacar mucho partido a nuestro cuerpo y devolverle toda la lozanía que puede alcanzar. Pero tenemos que hacerlo de forma coherente y siendo conscientes de que no nos vamos a convertir en algo distinto de lo que somos. Como suelo decir a mis pacientes, con el entrenamiento vamos a aflorar la mejor versión de nosotros mismos, lo que nos tiene que dar plena satisfacción.

Esta reflexión me ha surgido a raíz de últimas noticias sobre la última moda tonta que se extiende entre las adolescentes de medio mundo: la obsesión por que exista una separación entre los muslos, que ellas consideran imprescindible para cumplir con sus cánones de belleza. El término de moda es thigh gap, palabra clave que les sirve para buscar propuestas absurdas de adelgazamiento y ejercicio descompensados para conseguir que sus piernas sean iguales que las de las modelos que supuestamente han popularizado esta fisonomía como el nuevo estándar de las más hermosas.

Aunque en las últimas décadas hemos conocido casos parecidos, actualmente este tipo de tendencias son mucho más peligrosas porque se difunden a gran velocidad a través de Internet y las redes sociales. En la mayoría de los casos, además de no conducirles al objetivo que pretenden (porque no puedes modificar el tamaño de tu cadera por mucho ejercicio y dieta que hagas), muchas chicas terminan abocadas a la frustración y a la pérdida de autoestima, lo que puede ser la antesala de problemas más graves.

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