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La obesidad no es sostenible

La obesidad no es sostenible

La palabra sostenible forma parte desde hace tiempo de nuestro vocabulario social. Desde la ecología, la política y las empresas se habla constantemente de agricultura sostenible, economía sostenible, arquitectura sostenible, transporte sostenible y ciento más. Se supone que con ello queremos poner freno a los proyectos desaforados y despilfarradores que han roto el equilibrio del ser humano con el mundo.

Más allá del uso y del abuso de estos términos, sobre todo por parte de los políticos, lo cierto es que implican un cambio en nuestra relación con el entorno. Queremos regresar a una relación más amistosa con los recursos naturales, pretendemos evitar gastos faraónicos por parte de las administraciones y aspiramos a evitar que por una conducta irresponsable arruinemos las conquistas sociales y el bienestar que hemos alcanzado en nuestra civilización. El objetivo es ambicioso y loable, pero no resulta fácil de cumplir.

¿Y a qué viene este pequeño discurso sobre lo sostenible? Es muy sencillo. Seguramente, para adoptar con fundamento el credo de la sostenibilidad hay que empezar por uno mismo con una vida sostenible: ser responsables con el cuidado de nuestro cuerpo, tratar de prevenir las enfermedades que nos amenazan y evitar los desequilibrios y los excesos a la hora de comer y realizar ejercicio. Si en algo se puede aplicar la filosofía sostenible, es en la salud. No tengo ninguna duda. De hecho, fácilmente podemos encontrar datos que demuestran que una mentalidad insostenible (Recordad, 60% de adultos con sobrepeso en el mundo), tiene graves consecuencias para el conjunto de la sociedad.

Por ejemplo, en un reciente estudio de la Universidad de Cornell se indica que los tratamientos contra el sobrepeso y la obesidad en Estados Unidos tienen un coste anual de 190.000 millones de dólares. La cifra es astronómica e incluso nos parece increíble. Imaginaos qué se podría hacer con esos recursos si se destinaran a la investigación o la terapia de otras enfermedades cuyo control sí escapa verdaderamente al comportamiento responsable de los individuos. Pero incluso, otro estudio de la consultora McKinsey señala que si al coste de los tratamientos médicos sumamos otros gastos en los que incurren las personas obesas o con sobrepeso, estamos hablando de 450.000 millones de dólares. El trabajo Why governments must lead the fight against obesity afirma que este asunto tiene que ser abordado de manera prioritaria por los Gobiernos de todo el mundo si no quieren que se convierta por completo en un problema insostenible.

No es nueva la voz de alarma. Todos los que nos dedicamos a la nutrición y la terapia contra el sobrepeso hemos llegado a la misma conclusión, aunque sea por la experiencia profesional. Pero al aportar información tan categórica, nos ayudan a difundir la idea de que hay que redoblar el esfuerzo en, como yo suelo decir a mis pacientes, la batalla contra el ejército de la grasa, poderoso e implacable. Es un conflicto en el que cada uno de nosotros tienen mucho que hacer, y que ganar.

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