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No a la obesidad como espectáculo

obesidad como espectáculo

Desde hace unas semanas se ha puesto en marcha un nuevo programa de televisión para luchar contra el sobrepeso, No seas pesado. Un grupo de personas con un alto grado de obesidad se someten voluntariamente a un plan de adelgazamiento y de entrenamiento deportivo con el compromiso de perder peso y, sobre todo, transformar radicalmente su estilo de vida. A cambio, deben estar dispuestos a que su esfuerzo sea seguido por los espectadores, que semana a semana comprobarán si logran sus objetivos.

Este tipo de espacios son habituales en otros países e incluso ha habido ejemplos similares en distintas cadenas de la televisión española. De hecho, en la cadena MTV, dirigida a un público adolescente, se emiten con regularidad episodios de un docudrama norteamericano, Ya no estoy gordo, que tiene bastante éxito entre los jóvenes. Y próximamente parece que vamos a asistir al lanzamiento de la versión española de un programa de gran éxito internacional, The Biggest Loser.

En principio, quienes nos dedicamos a trabajar en el ámbito de la endocrinología y la nutrición deberíamos estar contentos de que se le dé tanta proyección pública a lo que llamamos la pandemia de la obesidad. Desde el punto de vista de la sensibilización, parece muy útil que en los medios más populares (seguidos precisamente por los grupos de población más propensos a padecer el sobrepeso y la obesidad) creen programas de información y motivación sobre esta plaga. Se supone que ayudarán a que los ciudadanos se tomen más en serio el compromiso con su cuerpo, su bienestar y la prevención de enfermedades. Hay muchos espacios en prensa, radio, televisión e Internet que se dedican a esta tarea, que me parece necesaria y magnífica.

Sin embargo, me parece muy peligroso y poco serio que por afán de alcanzar mayores cotas de audiencia, en estos formatos se abandone el rigor y el respeto a una enfermedad de consecuencias físicas y psicológicas muy graves en favor del espectáculo. En este programa, y me temo que en los que veremos dentro de poco, se aplican en cierta medida los formatos y las técnicas propias de la televisión más excesiva.  Se priman aspectos como el exhibicionismo, el morbo, los conflictos artificiales, la exaltación exagerada de éxitos y fracasos y, en definitiva, se toma a los participantes como personajes más al servicio de un show que de un verdadero compromiso de cambio en relación con su patología.

Porque la totalidad de las personas que intervienen en este tipo de programas presenta una situación  bastante desequilibrada, fruto de muchos años y muchos fracasos en su intento de adelgazar. En ese sentido, los responsables del programa no deberían olvidar que son enfermos especialmente frágiles, no solo en el evidente plano físico, sino también en el emocional. El riesgo de que muchos de ellos terminen peor de lo que empezaron es algo que debería hacer reflexionar al equipo que lidera el espacio y a los promotores de programas similares. Uno se pregunta si no es más que otra versión de Gran Hermano, pero para gordos. Sería una pena perder la oportunidad.

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