Saltar al contenido.

¿Qué podemos aprender de “La enzima prodigiosa”?

enzima prodigiosa

Periódicamente aparece una novedad editorial sobre dietética y nutrición que se convierte en un éxito de ventas. Miles de personas hablan de ella, y otras tantas tratan de poner en práctica sus secretos, que siempre se venden como la solución definitiva para adelgazar y mejorar nuestro estilo de vida. Hay algo que siempre queda claro: existe una altísima demanda por este tipo de remedios casi milagrosos.

Aunque muchas de estas obras tienen ofrecen soluciones discutibles, algunas de ellas vienen avaladas por el conocimiento y la experiencia profesional de los autores, que han trabajado muchos años hasta llegar a proponer sus tesis. Es el caso del padre de “La enzima prodigiosa”, Hiromi Shinya, el médico japonés especialista en cirugía del aparato digestivo, que lleva más de cuatro décadas ejerciendo su profesión. A la par que desarrollaba su especialidad de cirujano del aparato digestivo, ha gestado una particular teoría sobre la relación entre alimentación y salud que ha difundido con gran éxito entre lectores de medio mundo. Hace unos meses se ha publicado la edición española del libro. Está gozando de una gran aceptación, gracias también a la publicidad que de él han hecho algunos famosos del mundo de la comunicación.

Como todo texto de base científica que se populariza, no está exento de controversia. El Doctor Shinya propone algunas ideas muy radicales sobre la alimentación que llegan al público sin la preceptiva demostración empírica. Es algo comprensible porque se trata de un libro dirigido a ciudadanos normales cuya preocupación principal es la de mejorar su salud. Pero, al mismo tiempo, realiza afirmaciones muy categóricas sobre alimentos y hábitos a la hora de comer que seguramente necesitan de más investigación médica para demostrar su validez. Sí debemos reconocer que se trata de un médico muy prestigioso en su trabajo, por lo que sus aportaciones merecen mucho respeto. Por eso me ha parecido interesante comentarlo en este blog.

Hiromi Shinya señala que la buena salud depende de que mantengamos el nivel óptimo de enzimas en nuestro cuerpo. Las enzimas son los componentes proteicos que ayudan a nuestro organismo a mantener sus funciones y mantener el equilibrio vital. Aunque el cuerpo humano produce muchas de las enzimas que utilizamos en los procesos orgánicos, hay una parte que proviene del exterior y que llega a través de los alimentos que ingerimos. De acuerdo con su tesis, el mantenimiento del número y calidad de las enzimas dependen fundamentalmente de dos factores:

  • Que no las malgastemos dando más importancia a unos procesos que a otros (por ejemplo, si tomamos alcohol en exceso, obligamos a centrar el trabajo de las enzimas en la disolución del alcohol, lo que reduce el número de enzimas necesarias para otras funciones).
  • Que demos preferencia a aquellos alimentos que nos aportan más enzimas y de mayor calidad.

El especialista de digestivo ha llegado a estas conclusiones tras examinar miles de estómagos e intestinos y consultar a sus pacientes sobre sus costumbres alimenticias. Fruto de ello, propone un estilo de vida en el que prohíbe los excesos y limita al máximo el consumo de algunos alimentos como la leche o las proteínas animales. Asimismo, invita a erradicar el consumo de tabaco o de alcohol. De forma más precisa nos indica las que son a su juicio las reglas básicas de la dieta, orientada a preservar el número adecuado de lo que llama “enzimas madre” (prototipos generales de enzima de las que derivan las enzimas específicas para cada función orgánica) e incrementar el número de las “enzimas buenas” obtenidas del exterior:

  • Hemos de tomar entre un 85-90 por ciento de alimentos vegetales, lo más frescos posible.
  • Solo tenemos que ingerir un 10-15 por ciento de alimentos de origen animal.
  • Los granos sin refinar, como por ejemplo el arroz integral, deberían constituir el 50 por ciento de la dieta.

Conviene que os leáis el libro para profundizar mejor en los argumentos que propone el Doctor Shinya. No obstante, podréis ver que realiza afirmaciones muy controvertidas, por lo que no parece oportuno seguir sin más sus preceptos y sí conocer la opinión de otros especialistas. A mí me ha parecido muy esclarecedora la relación que ha establecido entre los hábitos alimenticios, el deterioro del aparato digestivo y las consecuencias sobre el estado de salud o la aparición de enfermedades. También comparto su apuesta por el equilibrio en la nutrición y los límites que sugiere al consumo de alimentos excesivamente procesados o refinados. Sin embargo, me parece que al igual que otros manuales de salud famosos de los últimos tiempos, muestra una fe ciega en el poder de algunos nutrientes frente a otros e invita a una conducta alimenticia casi sectaria que no encaja del todo bien con el propio equilibrio del que habla a menudo a lo largo del libro.

Espero vuestros comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: