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La lucha entre el estómago y el cerebro

El cerebro

Las investigaciones sobre la evolución de la humanidad concluyeron hace ya tiempo que una de las claves de la prodigiosa transformación del hombre hacia el ser inteligente que domina el planeta desde hace varios miles de años fue el cambio de su sistema nutricional. De alguna manera, se produjo una lucha entre el estómago y el cerebro. En su encrucijada evolutiva, los humanos tuvieron que optar por el aumento de uno u otro órgano para seguir avanzando, y eligieron al primero. Los antecesores del homo sapiens comenzaron a ingerir alimentos de digestión más rápida y mayor poder energético como las proteínas de origen animal y su conducta tuvo, entre otras, dos consecuencias: que se amplió la disponibilidad de nutrientes, y que el cerebro se desarrolló a una gran velocidad en detrimento del estómago. Ya no era necesario poseer un aparato digestivo gigantesco para procesar los alimentos. Desde entonces, el cerebro ha sido mucho más responsable de nuestra conducta alimentaria que cualquier otro órgano de nuestro cuerpo. Y, además, con la particularidad de que hemos conseguido que nuestra supervivencia sea posible con mucha menos cantidad de comida de lo que necesitan otras especies.

Sin embargo, este prodigio de la Naturaleza que es la masa cerebral también se ha convertido en un arma de doble filo para quienes luchamos contra la obesidad. Como órgano goloso que es, nos empuja a ingerir aquellos alimentos ricos en carbohidratos de acción rápida. Y, por otra parte, es el que nos anima a recurrir a la alimentación excesiva para lograr placeres inmediatos y esconder problemas emocionales que no es capaz de resolver. Como dice uno de los neurocientíficos más reputados del mundo, David Eagleman, en su último libro, Incógnito, esa víscera de apenas un kilo doscientos gramos “es el material más complejo que se ha descubierto en el universo”. Teniendo en cuenta su papel fundamental en todas las acciones conscientes e inconscientes que realizamos cada día, hemos de pensar que en el cerebro se encuentra la explicación principal de nuestro desorden en la alimentación. Por eso, cuando abordamos un plan de adelgazamiento, que es un proyecto de cambio de vida en la mayoría de los casos, tenemos que preparar a nuestro cerebro tanto como la dieta que vamos a empezar. El análisis previo de nuestro comportamiento en relación con la comida, la mentalización, la motivación, el autocontrol, son factores más importantes que las cantidades o las combinaciones de alimentos.

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